jueves, 28 de noviembre de 2013

Abandono

Hace unos siete años, y gracias a una excursión, estuvo uno en este casi abandonado lugar, aunque, por entonces, unos jóvenes se habían asentado aquí y cultivaban algunas huertas y otras casas eran temporalmente utilizadas por sus propietarios que durante la mayor parte del año vivían en lugares más céntricos. Sin embargo, ahora parece un pueblo fantasma. Las puertas y ventanas de todas las casas están rotas o medio destruidas y buena parte de sus techos comienzan a caerse. Habitaciones vacías y paredes manchadas por la humedad, restos de pintura y nombres y más nombres escritos por todos lados fruto de esa extraña manía del ser humano de ir dejando su huella y firma por donde quiera que pase. Cuatro paredes y un ventanuco o una puerta. Paredes y huellas de un estante y un horno. Sólo paredes y algunos restos esparcidos por el suelo, zapatos viejos y alguna lata. Habitaciones solitarias, vacías y ausentes. Habitaciones impersonales y deprimentes en las que apenas se puede estar más de un par de minutos. Visto el pueblo desde lo alto de la montaña con las casas con todos sus huecos abiertos a la intemperie, da la sensación de contemplar un lugar de otro mundo, huellas de una forma de vida desaparecida. Desde el interior de cualquiera de sus casas tiene uno la sensación de que del pueblo todos sus habitantes salieron al mismo tiempo alertados por algún trágico acontecer. Todas parecen haber sido abandonadas en la misma época, incluso en el mismo día. Abandonadas completamente, llevándose consigo cada cual todo aquello que narraba su historia en el lugar, como queriendo borrar completamente las huellas de una vida.
En estas habitaciones es imposible imaginarse uno los retratos de sus dueños. Nadie ha querido dar pie a interpretaciones tal vez erróneas. Y el pueblo permanece ahí, parado en el tiempo y haciendo referencia a un pasado indeterminado, imposible de definir. Tal vez hace años, décadas, o tal vez sólo días que sucedió lo inevitable. Nunca había estado uno en un lugar como este no sólo abandonado sino despojado. Sólo queda el escenario, pero sin elementos decorativos, sin mobiliario, sin saber qué obra se va a representar. Sólo el lugar aunque desmoronándose rápidamente. Tal vez dentro de otros siete años todos estos techos estarán en el suelo y siete años más para la nada. Una nada que en realidad se nos hace ya presente porque de nada nos hablan estas abandonadas construcciones.
Fuera, andando por sus caminos, todo cambia. El paisaje es amable y envolvente. Discurre lentamente con líneas suaves y redondeadas y al fondo, sobre la ondulante línea de las montañas, el pico más alto de la isla y al que, desde aquí, parece que se pudiera llegar sin apenas esfuerzo. Otra desconcertante apariencia. 
Mayo 1996

 2013. Acuarela sobre papel, 16x17cm.
Acuarela sobre papel. 14x15 cm.

viernes, 1 de noviembre de 2013